La mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos.
Albert Einstein.

¿Selección artificial o extraña coincidencia?

Lo que podéis ver en la foto superior es un cangrejo de la especie Heikea japonica encontrado en aguas de Japón, y un grabado en madera de una máscara kabuki que representa un samurái. El nombre genérico del crustáceo, Heikea, procede de un clan japonés, los Heike que fueron derrotados en la batalla marina de Danno-Ura (1185), por el clan rival de los Genji. Cuenta la leyenda que los espíritus de los guerreros Heike habitan ahora el fondo del mar en los cuerpos de estos cangrejos. El mito se refuerza por el patrón que tiene este cangrejo en la espalda, y que corresponde con líneas de inserciones musculares, que recuerda el gesto de ferocidad de los guerreros samuráis.
Con el tiempo, los zoólogos, han contado con una interesante teoría para este fenómeno; en palabras de Julian Huxley: "El parecido del Dorippe (antiguo nombre para Heikea) con un guerrero japonés enfadado es demasiado específico y demasiado detallado como para ser accidental... Se produjo porque los cangrejos con un mayor parecido a la cara del guerrero eran comidos con menos frecuencia que los otros". Esta teoría de selección artificial realizada involuntariamente por los pescadores japoneses recibió un nuevo impulso en 1980 cuando Carl Sagan habló de ella en su libro Cosmos: "Supongamos que, por accidente, entre los antepasados lejanos de este cangrejo, apareció uno que se parecía ligeramente a un rostro humano. Aun antes de la batalla de Danno-Ura, los pescadores podían haber sido reacios a comer estos cangrejos. Al echarlos de nuevo al agua pusieron en marcha un proceso evolutivo... Al pasar las generaciones de cangrejos y pescadores, los cangrejos con dibujos que recordaban la cara de un samurái sobrevivieron preferentemente hasta que, en algún momento, lo que había no era sólo un rostro humano, ni el rostro de un japonés, sino la cara de un feroz samurái con el ceño fruncido".
Pese a todo, Richard Dawkins en su libro Evolución: el mayor espectáculo sobre la Tierra, es reacio a creer en esta teoría, y defiende que todo es consecuencia de la facilidad del cerebro humano para ver caras en patrones aleatorios, que además se refuerza si el patrón es simétrico.

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