La mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos.
Albert Einstein.
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La cara típicamente "humana" apareció hace un 900.000 años


Homo antecessor tenía ya, al igual que nosotros, una cara plana de la que sobresale la nariz. Técnicamente se conoce como una cara ortognata. De hecho, según el antropólogo Timothy Bromage, de la Universidad de Nueva York, si el niño de 11 años al que perteneció el maxilar estudiado, se paseara por el metro, apenas nos llamaría la atención su cara. Parece que el chico fue asesinado por una tribu rival, cuyos miembros, cortaron su carne una vez muerto y se la comieron.
Para descubrirlo, el equipo, formado por científicos americanos y españoles entre los que se incluyen los co-directores de Atapuerca, han estudiado una pequeña zona ósea de la nariz en la que, a esa edad, en nuestra especie, predomina la resorción ósea (eliminación de hueso). Esto mismo sucede en restos encontrados en el estrato TD6 de la Gran Dolina, pertenecientes a un individuo que vivió hace 900.000 años. No obstante, esta zona de eliminación ósea está ausente en el Niño de Nariokotome, un fósil catalogado como Homo ergaster, que vivió 600.000 años antes en el Lago Turkana, en Kenia.

El Primer Viaje de Nuestra Vida de Juan Luis Arsuaga

Todos los que hemos tenido la suerte de tener a Juan Luis Arsuaga como profesor, sentimos un cariño especial por la antropología y la paleontología. En mi caso surgió cuando leí por primera vez su libro La Especie Elegida, escrito junto a su colega Ignacio Martínez. Ese cariño, pronto se convirtió en auténtica pasión cuando todos los lunes y martes a las 19h, el profesor Arsuaga nos transportaba al pasado con sus charlas en la Facultad de Historia y Geografía de la Universidad Complutense de Madrid. Por esto, me resulta difícil dejar pasar la oportunidad de hablaros de su última publicación.

Ya en sus clases, el profesor Arsuaga mostraba un enorme interés por la temática del sexo y del parto. Esto, en palabras suyas, es debido a que es un tema poco tratado en la literatura científica. Esto es extraño ya que, como explica en su libro, nuestra especie es la única del reino animal que realiza el coito cara a cara (exceptuando el bonobo, uno de nuestros parientes más cercanos, en algunas ocasiones), y la única que abandona el canal de parto con la cara mirando hacia atrás de forma que la madre y el niño no pueden verse las caras al nacer. Como el lector más avispado habrá deducido enseguida, todo esto, unido a un parto especialmente doloroso y en ocasiones problemático, se debe a dos características importantes de los seres humanos: el desarrollo de un enorme cráneo para alojar nuestro gran cerebro, y una pelvis anatómicamente especial, adaptada a la bipedestación.

El libro se compone de 3 partes a modo de 3 grandes salas de una exposición científica imaginaria. La primera constituye una auténtica lección de anatomía de la placenta, la pelvis e incluso del cráneo del niño que está por nacer. Puede resultar complicada, pero es necesaria para entender el arduo proceso del parto, y los dibujos y esquemas facilitan mucho el aprendizaje. Posteriormente, llega la explicación del parto y de las 3 "puertas" que ha de flanquear el niño. Pero esto no es un tratado de medicina, así que enseguida comenzamos a plantearnos preguntas a las que el profesor Arsuaga trata de buscar respuestas: ¿cuál es el camino evolutivo que hemos tomado para llegar esta situación?, ¿de qué manera se ha visto favorecido por la Selección Natural?, ¿presentaban estas mismas características nuestro antepasados, o mejor dicho, los Homininos (que pueden incluir especies que no sean antepasados nuestros, pero que sí son parientes nuestros)?, si es así, ¿cuándo surgió?, ¿Qué les sucedía a esos bebés que acababan de finalizar su primer viaje?, ¿cuánto vivían?... 
Algunas de estas preguntas quedarán respondidas en la segunda parte del libro, desgraciadamente, otras no, y desgraciadamente (algunos pensamos que afortunadamente), el lector puede terminar el libro con más preguntas aún en la cabeza. Pero así funciona la ciencia. Esas preguntas son el combustible que mueve su motor.

Polémica al publicarse gratis en Internet, el genoma completo del Neandertal

Un equipo de investigadores del Instituo Max Planck de Alemania, liderados por Svante Pääbo ha obtenido el primer genoma completo de un Neandertal, encontrado en una cueva al sur de Siberia. Para ello, tomaron como muestra 0,038 gramos de un hueso del pie. 
En palabras de Svante, Vamos a poder averiguar muchos aspectos de la historia de los neandertales y los denisova y refinar nuestro conocimiento sobre los cambios genéticos que ocurrieron en los humanos modernos después de separarse de ellos”. 

Según Carles Lalueza-Fox del Institut de Biologia Evolutiva (CSIC-UPF) sobre el Proyecto Genoma Neandertal y la Cueva del Sidrón el 29 de Octubre de 2009 en el Museu d’Arqueologia de Catalunya de Barcelona: "El genoma neandertal, recientemente finalizado, nos proporcionará una referencia evolutiva más cercana a nosotros en el tiempo, que nos ayudará a descubrir qué variantes genéticas están compartidas con los neandertales y cuáles son exclusivas de los humanos modernos."

La polémica ha surgido a raíz de que Svante y su equipo decidieran publicar el genoma en internet  antes de publicar sus resultados en una revista especializada. Yo personalmente aplaudo la decisión de Pääbo que decidió saltarse (por el momento) la figura del referee y poner el genoma a disposición de los expertos.

DESCARGAR AQUI EL GENOMA EN FORMATO BAM  DESCARGAR

Mucha más información en Paleorama en Red. Prehistoria y Arqueología en Internet.

El final del hombre de Neanderthal

Los neandertales (Homo neanderthalensis) habitaron con éxito los entornos subglaciales de la Europa central y occidental durante 300.000 años. Sin embargo su desaparición repentina hace 40.000 años supone uno de los grandes misterios de la evolución humana. Recientes investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Cambridge parecen arrojar algo de luz al misterio. El detallado análisis estadístico de las evidencias arqueológicas de la región francesa de Périgord, afirma que las primeras poblaciones humanas modernas penetraron en la región en un número al menos diez veces mayor que las comunidades locales de neandertales. De esta manera, la capacidad de los grupos neandertales para competir por la misma gama de lugares donde vivir y de alimentos se vio menguada. Además, su mayor número y su alta capacidad para coordinar actividades garantizaban el éxito de los humanos modernos.
Nuevos patrones de comportamiento, más sofisticados, acompañados de formas más avanzadas y complejas de la lengua, se desarrollaron entre las poblaciones de Homo sapiens africanas al menos entre 20.000 y 30.000 años antes de su dispersión desde África. "Está claro que esta gama de innovaciones tecnológicas y de comportamiento permitió a las poblaciones humanas modernas invadir y sobrevivir" a los neandertales, indica Mellars. Frente a estas competencias, los neandertales tuvieron que retroceder a regiones marginales hasta la extinción, que según el profesor de Cambridge, pudo haberse acelerado por un deterioro repentino del clima en todo el continente hace unos 40.000 años.

De Homo antecessor a Homo sp.

Tras más de tres años de análisis, y tras haberla atribuido de forma provisional al Homo antecessor, especie característica del yacimiento burgalés, los responsables del yacimiento de Atapuerca han reconocido no saber a qué especie pertenece esta mandíbula de 1,2 millones de años de antigüedad. "Necesitamos encontrar más fósiles" apremia José María Bermúdez de Castro, codirector de las excavaciones. El estudio será detallado en Journal of Human Evolution junto a una detallada descripción de las patologías dentales que presentaba este adulto, a quien según los datos, se lo comieron. Probablemente fue competencia entre tribus, aunque es imposible saberlo a ciencia cierta.
Por el momento está clasificado como Homo sp, es decir, un humano indefinido, desconocido hasta que aparezcan nuevos restos en la Sima del Elefante. Con ello se reduce la presencia de H. antecessor, y se plantean más interrogantes sobre la evolución de nuestra especie en Europa. Según el estudio, la parte exterior de la mandíbula presenta rasgos primitivos que emparentarían a su dueño con H. georgicus, que vivió hace 1,8 millones de años en Dmanisi (Georgia) y que sería uno de los primeros humanos en abandonar África. Sin embargo, la cara interna es más evolucionada y más similar a la nuestra.

Así era Ötzi, el Hombre de Hielo


Vivió hace 5.300 años (según las pruebas con carbono 14) y su nombre alude al valle alpino de Ötz. Se trata de un Homo sapiens de finales del Neolítico que fue hallado momificado y perfectamente preservado por el hielo el 19 de septiembre de 1991. 20 años después Ötzi vuelve a la vida en esta recreación realizada utilizando tomografías computerizadas, y que puede ser contemplada en el Museo Arqueológico de Bolzano. El resultado es una persona con el rostro demacrado y surcado por profundas arrugas, muy ajada para sus 46 años, delgada, con muy poca grasa subcutánea pero con buenos músculos y una estructura ósea robusta. Obviamente, hay partes que son fruto de la interpretación, pero sí se sabe a ciencia cierta que tenía los ojos marrones, medía 1,60, pesaba unos 50 kg y llevaba el pelo largo.
Murió un día de primavera o inicios de invierno como se deduce de la presencia de restos de polen en sus pulmones e intestinos. Ötzi acababa de subir una montaña cubierta de nieves perpetuas en los Alpes italianos. Tenía una grave herida en la mano derecha, que se había hecho entre uno y tres días antes, probablemente en el curso de un pelea. Todo indica que Ötzi huía de algo o de alguien y se vio obligado a abandonar su aldea.
Llevaba un arco sin terminar y un carcaj con 12 flechas de las cuales sólo 2 estaban listas para disparar. Cargaba también un cuchillo de pedernal, con su propia funda y un instrumento para afilarlo, un trozo de pedernal para poder encender un fuego y trozos de carbón incandescente envueltos en hojas para hacer una hoguera en cuestión de minutos.
Cansado por el esfuerzo, nuestro hombre buscó entre las rocas un lugar seguro y poco visible donde sentarse a descansar. Después se sentó a comer: un poco de carne de ciervo aderezada con verduras y un cereal en forma probablemente de pan. Aún tenía el estómago lleno cuando alguien le disparó por la espalda una flecha que le dio en el hombro izquierdo. La herida de dos centímetros le causó una fuerte hemorragia, hasta el punto de morir desangrado en cuestión de minutos. 
Su cadáver quedó sepultado bajo una gruesa capa de nieve y hielo en poco tiempo, por lo que permaneció congelado durante 5.300 años.
Se han contado hasta 57 tatuajes en su cuerpo, muy elementales, limitándose incluso a puntos, pequeñas líneas y diminutas cruces. Se piensa que puede tratarse de una técnica ancestral de curación ya que en los mismos puntos se han detectado signos de artritis. En palabras de Beat Gugger, comisario del museo, "lo fascinante de Ötzi es que nunca llegaremos a conocerle del todo, lo que a su vez hará que siempre siga despertando interés científico".

Lucy in the Sky with Diamonds

AL-288-1 es el nombre verdadero de este maravilloso esqueleto de Australopithecus afarensis, a día de hoy el más completo de su especie. No obstante aquella noche de 1974, mientras el equipo de Donald Johanson celebraba el descubrimiento en las inmediaciones del yacimiento en Hadar, Etiopía, sonaba Lucy in the Sky with Diamonds, de The Beatles, por lo que finalmente pasaría a ser conocido como Lucy. Un nombre mucho más cariñoso y personal para un fósil de increíble importancia en el estudio de la evolución humana. El gran debate que ha provocado siempre Lucy en la comunidad científica es si realmente era un animal bípedo o pasaba buena parte de su vida en las ramas de los árboles. Pues bien, parece ser que un pequeño hueso del pie encontrado por el propio Johanson en el yacimiento 333 de Hadar ha resuelto el dilema. El hallazgo, publicado en la revista Science, certifica que efectivamente los Autralopithecus afarensis eran bípedos.
¿Cómo puede un pequeño hueso del pie asegurarnos categóricamente que el animal podía caminar sobre sus extremidades posteriores? Se trata del cuarto metatarso del pie izquierdo de un individuo de la misma especie que Lucy (3,2 millones de años) y que presenta la misma curvatura que encontramos en los primeros homínidos bípedos, así como en nuestros propios pies. Una de las claves evolutivas clave para la locomoción bípeda es el desarrollo de arcos permanentes en los pies. Esto permite la absorción de impactos durante la locomoción y aporta la flexibilidad necesaria para caminar o correr a diferentes velocidades. Aunque la anatomía de estos animales apuntaba claramente a una locomoción bípeda, hasta ahora, sólo contábamos con una prueba que apuntara a ello, y no se trataba de ningún hueso fosilizado, sino de las famosas huellas (llamadas icnitas) de Laetoli, en Tanzania, con unos 3,7 millones de años de antigüedad; las huellas dejadas por 3 individuos (¿madre, padre e hijo?) sobre las cenizas de un volcán.

El 4 % de nuestro ADN procede del Hombre de Neandertal

Desde el descubrimiento de Homo neanderthalensis u hombre de Neandertal en 1856, los paleoantropólogos han mantenido la hipótesis de que durante su convivencia con Homo sapiens en Eurasia durante el Pleistoceno (unos 52.000 años desde que H. sapiens sale de África hace unos 80.000 años hasta la completa extinción de los neandertales hace unos 28.000), pudo haber cruzamientos entre ambas especies. Pues bien, después de un siglo de debate, la genética por fin nos ha dado una respuesta. Gracias a los trabajos del investigador sueco Svante Pääbo en el Instituto Max Planck de Alemania se ha logrado secuenciar ADN de este homínido. Parece ser que se produjo cruzamiento, pero los genes dicen que ese encuentro se produjo muy al principio, en Oriente Medio, poco después de la salida de H. sapiens de África, y por ello todos los humanos modernos tenemos un 4 % de ADN neandertal en nuestras células a excepción de los africanos. En este descubrimiento han trabajado también investigadores españoles con material fósil de la cueva de El Sidrón (Asturias).
La genética también ha demostrado que el neandertal evolucionó de forma paralela al H. sapiens desde antepasados comunes lejanos, y gracias a ella ahora sabemos un poquito más de su árbol genealógico; los llamados denisovanos que llegaron a los confines de Asia, no eran ni sapiens, ni neandertales, aunque eran más cercanos a estos últimos. De hecho, compartieron un ancestro común de hace unos 600.000 años (nuestra especie se separaría de esta rama unos 200.000 años antes). Debido a la falta de registro fósil (sólo una falange y una muela), aun no se ha puesto nombre a esta supuesta especie de homínido. Sería la primera especie que se define por una molécula en lugar de por sus huesos. La siguiente pregunta que se han realizado los investigadores es ¿hubo hibridación entre los denisovanos y las otras dos especies de homínidos?. Parece ser que se ha encontrado en poblaciones actuales del archipiélago de Melanesia en torno a un 5 % de ADN denisovano. Cómo y dónde pudieron encontrarse estas dos poblaciones de homínidos es un misterio.
Como suele ocurrir, con nuevas respuestas surgen nuevas preguntas. El objetivo es saber cómo llegamos a ser lo que somos, un proceso que cada vez se revela más complejo.

La importancia de vivir despacio y morir tarde

Los primates catarrinos (entre los que se encuentra el ser humano) cuentan a grandes rasgos con cuatro grandes etapas en su vida marcadas por la salida de las tres muelas de la dentición definitiva. La emergencia de la primera muela coincide con el final de la primera infancia, en la que la cría se separa muy poco de la madre y que comprende básicamente la época de lactancia (en el ser humano se prolonga más tiempo). La aparición de la segunda coincide con la pubertad y por último, la emergencia de la muela del juicio corresponde al final del desarrollo y al comienzo de la vida adulta. Las etapas son esencia las mismas en todos los primates, aunque su duración es variable. Así por ejemplo, entre los monos antropomorfos (chimpancés, gorilas, gibones y orangutanes) el recién nacido llega al mundo con un cerebro que representa más de la tercera parte del volumen del cerebro del adulto, mientras que el neonato humano representa menos de un cuarto. Esto quiere decir que el recién nacido humano está mucho menos desarrollado cerebralmente y por tanto más desvalido en el momento de su nacimiento. Esto se contrarresta con la aparición en el género Homo de una niñez prolongada, y de la adolescencia. La infancia se prorroga hasta los ocho años, en la que el niño ya no precisa de la leche materna (por lo tanto la madre puede volver a concebir) pero cuyas características de crecimiento y desarrollo siguen siendo muy similares a las de la infancia.
Mediante recuento de las líneas de crecimiento del esmalte (llamadas Retzius) de los incisivos de algunos fósiles, se ha averiguado que tanto los australopitecos, como los parántropos y las especies más primitivas del género Homo (H. habilis y H. rudolfensis) tuvieron un período de desarrollo similar al de los chimpancés.
Pues bien, la estrategia de vivir despacio y morir tarde parece ser una característica clave de nuestra especie, ya que esta infancia prolongada facilita el aprendizaje adicional, y el desarrollo de la capacidad cognitiva compleja de los individuos. Recientemente, Tanya Smith, especialista en evolución humana de la Universidad de Harvard (EEUU) y su equipo han descubierto que el crecimiento dental del Hombre de Neanderthal (H. neanderthalensis), un importante indicador de desarrollo, era también notablemente más rápido que el de nuestra especie, al igual que pasaba con especies más primitivas del género Homo. El hallazgo sugiere que el desarrollo lento es un rasgo evolutivo relativamente reciente (unos 90.000-100.000 años).

Ahora sí, ahora no...

Hace unos meses, en agosto, un importante hallazgo suscitó el interés de la comunidad antropológica; nuestro antepasado de 3,5 millones de años Australopithecus afarensis era capaz de emplear herramientas para extraer la carne de los cadáveres. Esta hipótesis, publicada en la revista Science, se basaba en las marcas encontradas en dos pequeños huesos de herbívoro primitivo que, según los autores, habrían sido hechas para arrancar la carne pegada con una piedra con filo. Este hallazgo es importante ya que su cerebro era casi la mitad que el de Homo habilis, considerado como el primero con capacidad suficiente para fabricar utensilios de piedra.
Pues bien, ahora el arqueólogo español Manuel Domínguez-Rodrigo, director del proyecto español paleoantropológico en Olduvai (Tanzania), y profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid, concluye que esas marcas en los huesos, se hicieron al ser pisoteadas por los animales en un suelo de grava, no a una actividad carnicera.